Robert Redford murió este martes 16 de septiembre a los 89 años, en su hogar de Sundance, Utah, el lugar que él mismo convirtió en refugio creativo y símbolo de resistencia artística. La noticia fue confirmada por su representante, quien señaló que el actor falleció mientras dormía, rodeado de sus seres queridos.
Más allá de la leyenda de Hollywood, Redford fue un hombre profundamente comprometido con la naturaleza, la libertad de expresión y las causas sociales. “Un actor de profesión, pero un activista por naturaleza”, solía decir en los foros internacionales donde defendía el medioambiente y los derechos civiles.
Su vida estuvo marcada por grandes éxitos cinematográficos, pero también por profundas pérdidas personales: la muerte de dos de sus hijos, Scott y James, lo transformó en un defensor incansable de la salud pública y la conciencia ecológica.
Fundador del Festival de Sundance en 1981, Redford abrió las puertas del cine independiente a voces que hoy dominan la industria.
Su legado no se mide solo en premios, sino en oportunidades creadas para quienes soñaban con contar historias auténticas, sin concesiones. En 2018, anunció su retiro con una frase que resumía su espíritu: “Ya es suficiente”.
No por cansancio, sino por plenitud. Había dicho lo que tenía que decir, y lo había hecho con elegancia, convicción y belleza.
Hoy, el mundo despide al hombre que susurraba a los caballos, que caminaba descalzo por el parque y que creía que el arte podía cambiar el mundo. Su partida es silenciosa, como sus gestos, pero su huella es profunda, como sus ideales.

