La vitamina D es esencial para la salud ósea, el funcionamiento del sistema inmunológico y la absorción de calcio. Su deficiencia puede provocar debilidad muscular, dolor óseo, fatiga y mayor riesgo de fracturas. En casos graves, puede causar raquitismo en niños y osteomalacia en adultos.
Entre las principales causas de su déficit se encuentran la exposición insuficiente al sol, dietas bajas en alimentos ricos en vitamina D, ciertas enfermedades gastrointestinales que dificultan su absorción y el envejecimiento, que reduce la capacidad del cuerpo para producirla.
Para prevenir la deficiencia, se recomienda tomar el sol de manera moderada, incluir en la dieta alimentos como pescados grasos, huevos, lácteos fortificados y hongos, y, en algunos casos, utilizar suplementos bajo supervisión médica. El diagnóstico se realiza mediante un análisis de sangre que mide los niveles de 25-hidroxivitamina D, y un tratamiento oportuno puede mejorar la salud general y reducir riesgos a largo plazo.

